Los servicios sociales intervinieron, pero no de la forma que Arturo esperaba.
Mis nietas permanecieron bajo mi cuidado.
La empresa inició una investigación interna.
La fiscalía aceptó la denuncia.
Y poco a poco, la verdad comenzó a salir a la luz.
Mientras tanto, Arturo seguía fingiendo que su vida era perfecta.
Publicó fotos de cenas románticas con Mariela en internet. Compartió mensajes falsos de duelo para generar lástima. Dos meses después, anunció su boda en una elegante hacienda en Cholula.
“Después de cada tormenta, Dios nos da otra oportunidad”, escribió en internet.
Lucía miró fijamente el poste en silencio.
Luego se dirigió al armario de madera, cogió el cuaderno morado de su madre y dijo:
“Entonces mostremos a Dios la verdadera historia.”
Y fue en ese momento cuando me di cuenta de que la boda de Arturo nunca se celebraría en paz.
Porque ninguno de nosotros imaginaba lo que mi nieta estaba a punto de revelar frente al altar.
PARTE 3