Patricia continuó, con un tono suave y controlado: «Bien. Después de la boda, la convencerás de que ponga el apartamento a nombre de ambos. Sus ahorros también. Luego documentaremos su inestabilidad: pánico, paranoia, amenazas. Con suficiente papeleo, una institución privada la atenderá».
Contuve la respiración.
Mi casa.
Mi dinero.
Mi cordura.
Adrián suspiró. «Firmará. Cree que el amor significa confianza».
Patricia rió entre dientes. «Siempre lo creen».
Afuera, la dependienta preguntó si todo me quedaba bien.
Me miré en el espejo: vestido color marfil, rostro pálido… pero por dentro, algo estaba cambiando. Mi corazón no se rompía. Se endurecía.
Entonces Patricia añadió: «Una vez que se vaya, vendemos el apartamento. Tus deudas quedan saldadas. Recupero mi inversión. Todos ganan».
Todos.
Me abroché el cinturón y sonreí para mis adentros.
Habían confundido mi silencio con debilidad.
Habían confundido mi amabilidad con ignorancia.
Y lo peor de todo: habían olvidado a qué me dedico.
No soy solo Elena Moore, la huérfana silenciosa con una pequeña herencia.
Soy Elena Moore, contadora forense especializada en casos de fraude.
Descubro dinero oculto. Construyo casos a partir de patrones, mentiras y detalles que pasan desapercibidos.